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16 de Mayo de 2009

Inauguración de la carrera de Tecnólogo Agroenergético

Palabras del presidente de CODICEN, Dr. Luis Yarzábal


Tengo el privilegio de asumir la representación del Consejo Directivo Central, de los consejos desconcentrados de Educación Técnico Profesional, de Educación Secundaria, de Educación Primaria y de la Dirección de Formación Docente de la ANEP, para celebrar junto a ustedes, la concreción de una iniciativa particularmente estimulante, propositiva y creativa para la región y el país.

Al reflexionar con el propósito de resumir de forma breve los antecedentes de este acontecimiento, estaba recordando que en el año 2005 nos acercamos a Bella Unión, junto con el Consejo Directivo Central de la ANEP, en un marco de esperanza y de ilusión,  dado por una sociedad que el año anterior había decidido cambiar de rumbo y dar comienzo a  la construcción de bienestar para todos los habitantes del país.

Justamente, entre quienes estaban en peores condiciones, se encontraba la población de Bella Unión, afectada por el desempleo, la pobreza, las enfermedades y la emigración. La nueva Administración del Estado, conducida por el Presidente de la República, Dr. Tabaré Vázquez, iniciaba una reorientación del sistema productivo nacional. Se proponía diversificar la producción, dinamizándola e incluyendo entre sus prioridades la incorporación de valor agregado, la expansión de las exportaciones y la captación de inversiones. Al mismo tiempo, la nueva fuerza que debía construir los destinos nacionales por disposición democrática de la población se disponía impulsar modelos solidarios a nivel de las empresas pequeñas y medianas y una distribución más justa de las riquezas generadas.

Esto significaba que se iban a producir profundos cambios, pero no sabíamos cuál iba a ser la velocidad de implantación de los mismos y cuántos se iban a poder instrumentar en el quinquenio.

El balance de lo actuado desde 2005 muestra que muchos de ellos han cristalizado: se dinamizó la economía, se incrementó y se diversificó la producción, crecieron las exportaciones, se duplicó el PBI, y aumentaron el empleo y los salarios. Pero, en aquel momento, al comienzo, ese cambio de estrategia del sistema productivo nacional se encontraba frente a algunas debilidades. Una de ellas era la carencia de técnicos y profesionales altamente calificados para integrarse a los procesos productivos que la diversificación puesta en marcha empezaba a gestar en distintos puntos del interior del país.

En tales circunstancias los diversos organismos del Estado, entre ellos el sistema educativo y sus entes autónomos, debían enfrentar los desafíos elaborando oportunamente iniciativas y respuestas adecuadas a las demandas y necesidades. La educación pública decidió plantarse frente a esa situación y examinar cómo podía contribuir al desarrollo sostenible de la nueva sociedad  en gestación. Así surgió el trabajo fermental de los órganos conductores del sistema nacional de la educación pública, es decir el Codicen, los consejos desconcentrados de educación Primaria, Secundaria, Técnico Profesional y la Dirección de formación docente.

Entre todos determinamos que el fortalecimiento de la educación tecnológica terciaria debía ser considerado una prioridad mayor con el fin de mejorar la oferta educativa en este nivel a escala nacional y particularmente en el Interior. El cómo hacerlo quedó en manos del Consejo de Educación Técnico Profesional, integrado  inicialmente por Wilson Netto y Juan José De los Santos y, posteriormente, por Fernando Tomeo.

Este equipo de trabajo asociado con todos sus colaboradores así como por los inspectores, directores, docentes y alumnos de la ex UTU, destinó parte de su capacidad instalada a impulsar la formación técnica y tecnológica mediante una asociación estratégica con la Universidad de la República, orientada a desarrollar una oferta de educación terciaria tecnológica a escala nacional.

De ese modo, en el marco de la Comisión Mixta ANEP-UdelaR, creada por los consejos directivos centrales de ambos entes en 2005, y con el apoyo de proyectos financiados a través de las leyes presupuestales, se fueron atendiendo diversas propuestas emanadas de la interacción con actores locales de  los distintos polos de desarrollo que emergían en distintos lugares del territorio nacional. Así se fortaleció la oferta de formación de tecnólogos, en aquellos sitios en que esto era necesario, generando conjuntamente con la Universidad carreras cortas tecnológicas de nivel  terciario que aceleran la incorporación al mundo del trabajo y aseguran continuidad educativa a quienes lo deseen. 

En el año 2005 existían, como resultado de interacciones anteriores entre la ANEP y la Universidad, dos carreras cortas de tecnológo funcionando. Esas eran las de Tecnólogo Mecánico y de Tecnólogo Químico. Ambas se ofrecían en Montevideo. El primer paso fue duplicarlas y radicarlas en Paysandú, con lo cual se pusieron en marcha en el Interior del país dos nuevos programas tecnológicos terciarios.

Pero el desarrollo de las tecnologías de comunicación, la introducción de innovaciones en el área agroindustrial que suponían el uso de la computación en las maquinarias y la expansión de la industria informática a escala nacional, reclamaron del sistema educativo que también se formaran Tecnólogos en el área de Informática. Ante ello la Comisión Mixta de ANEP-Universidad impulsó el desarrollo de una carrera de tecnólogo informático con continuidad en la educación superior, como ocurría con los anteriormente mencionados, que se radicó simultáneamente en Maldonado y Montevideo.

Así continuaron las cosas, hasta que golpearon las puertas de la comisión mixta ANEP-UDELAR, compatriotas que estaban incubando este proyecto  sucro-alcoholero al que ANCAP le ha dado fundamental prioridad e importancia. De ese encuentro con ANCAP, con los técnicos y profesionales del lugar, con los trabajadores cañeros que habían luchado contra  la desesperanza instalada en nuestro país en la década de los años 60 del siglo XX, surgió la necesidad de echar a andar una carrera corta de tecnológo en el área agroenergética.

El trabajo de los equipos del Consejo de Educación Técnico Profesional con los de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, asociándose a la consulta permanente con los dirigentes de ANCAP y con quienes gestionan el proyecto sucro-alcoholero, dio origen a un plan de estudios adaptado a las necesidades de la sociedad. Dicho plan, debidamente aprobado por los consejos de la ANEP y de la Universidad, permitió que se concibiera la importante innovación educativa que significa diseñar e instalar esta carrera en el área de Alur para la región del litoral Norte de nuestro país.

Al comienzo de nuestra gestión habíamos señalado al Presidente de la República, la convicción de poder tener en funcionamiento al final del quinquenio un total de doce carreras, programas o institutos tecnológicos. El trabajo conjunto con la Universidad, la actividad de la comisión mixta, el impulso de la ex UTU y la creatividad de los equipos de ambas instituciones han originado, hasta el momento, diez de esas doce carreras consideradas necesarias y viables.

Ocho están ya funcionando: cinco en el Interior (mecánica, química e informática en Paysandú, informática en Maldonado, agroenergética en Artigas) tres en Montevideo (mecánica, química e informática), mientras que dos  están en implementación previéndose su instalación en el segundo semestre (forestal en Rivera y cárnica en Tacuarembó), con lo cual llegaremos a diez en el presente año, situándonos muy cerca de la meta fijada. 
 
Se están atendiendo, entonces, las necesidades de varios de los polos innovadores de desarrollo que comienzan a diversificar la economía nacional y a ofrecer trabajo digno a la población.

Y en un cambio de valor estratégico para el desarrollo nacional se ha logrado que, de esas diez carreras, siete estén situadas en el interior del país. En la ANEP le damos una extraordinaria importancia a este logro, puesto que a nuestro juicio es una de las maneras más apropiadas para empezar a revertir el centralismo que ha frenado el desarrollo humano en el Interior desde el comienzo de nuestra historia como nación.

Llegar a Alur en el día de hoy, pasando antes por los cañaverales y por las calles de Bella Unión,  viendo en las caras de la gente que su población ha reencontrado la esperanza, es un motivo de profunda alegría y satisfacción.
 
Es un motivo más para felicitar a  los trabajadores del azúcar, a los noveles estudiantes, a ANCAP, a sus colaboradores brasileños, cubanos y venezolanos, a la Universidad de la República, a la Comisión Mixta ANEP-UdelaR, y para asegurar a ustedes que esta administración de la ANEP continuará desarrollando esta propuesta con el propósito de alcanzar la meta de las doce carreras cortas tecnológicas en el transcurso del quinquenio.

Y es también una ocasión de exponer y sumar argumentos a los efectos de convencer a las nuevas administraciones de que ésta es una de las vías viables para estimular el desarrollo humano en toda la geografía nacional.

Muchas gracias.

Versión editada por el autor de la alocución pronunciada  en la inauguración de la carrera de Tecnólogo agroenergético, en Alur, Bella Unión, el lunes 20 de abril de 2009.



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